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lunes, 19 de abril de 2010

Las mil y una noches (de espanto)

"Yo creo…¡que viá’ser genia, no…no…ojalá! Si fuera una genia haría desaparecer a algunos como hacen los genios. No, no, no…soy mortal y estoy orgullosa de ser mortal..."
"...porque siempre hemos querido negarnos los unos con los otros."

Esto lo dijo el 20/01/10 en el acto de firma del contrato para la construcción del museo del libro y galería de la lengua, en la Biblioteca Nacional.
En este memorable discurso, nuestra oradora en jefe entró en trance y pensó en transformarse en un "ifrit", aquellos genios que abundaban en los relatos de Sherezade para deshacerse de algunos miembros de la oposición. Su cita (exabrupto en realidad) fue doblemente lamentable: aunque luego la quiso arreglar, diciendo que no quería "desaparecer" a nadie, ya el daño estaba hecho en un país donde esa palabra remite a los más tenebrosos recuerdos. Y además, el obsecuente que le gritó "genia" se estaba refiriendo a otra cosa y no a los seres fantásticos y malignos de la mitología árabe, mucho más cercanos a su personalidad que los genios de la mitología romana, de donde proviene el nombre para denotar a las personas con capacidades extraordinarias. Se ve que el genio de la "lámpara de Alasino" tuvo algo que ver con esto...además, me pregunto: ¿Cómo se puede estar orgulloso de ser mortal? Creo que aquí estamos en presencia de una acepción diferente del término "mortal" al que quiso referirse...
Y el segundo párrafo no es más que otra prueba de su eterna pelea con las preposiciones...
Estimado lector, frote la lámpara y escúchela (desaparece en pocos segundos):